Ya adecuadamente vestidos a la moda de la época, descendéis la escalera en espiral que conduce a las puertas del tiempo.
-17 de Enero de 1966, costa de Almería- anuncia Amelia-. A primera hora, el bombardero que acarrea las bombas y un avión cisterna colisionarán en el aire. Deberemos estar ahí para presenciarlo.
-Puerta 78- añade Julián-. Nos llevará a Cartagena el día anterior al incidente.
Alonso se ajusta su ropa. Aunque es verano en vuestro presente, vuestro destino se encuentra en invierno, con lo que de momento se siente incómodo y acalorado.
-¿Nos esperará algún contacto del Ministerio para llevarnos a Palomares?- se interesa. Julán niega con la cabeza.
-Iremos en autobús de línea- se encoge de hombros-. Los recortes son los recortes.
-Buenos días.- saludas a Palomeque y Castro, que pasan ataviados a la usanza celtíbera.
-Lo que no entiendo- confiesa Alonso- es por qué esas bombas no estallaron al caer.
-Las bombas atómicas tienen una serie de medidas de seguridad que impiden que detonen en accidentes como estos- explica Amelia-. A pesar de ello, algunas de las bombas llegaron a liberar su contenido radioactivo, y el ecosistema y los habitantes de la zona quedaron peligrosamente expuestos. Por fortuna, los efectos fueron mínimos, a pesar de lo que, incluso hoy, se siguen controlando los niveles de radioactividad en la zona y algunos de los habitantes de la pedanía se someten a periódicas revisiones.
-Me tranquiliza saber que esos aparatos infernales no llegaron a estallar en nuestro país- suspira Alonso-. ¿Cuáles son entonces los problemas que podemos anticipar?
-¿En nuestro trabajo?- bromea Julián-. Cualquiera.
-Deberemos evitar que los nativos de esa época queden demasiado expuestos al material nuclear y que nadie que no sea los americanos se haga con los restos de las bombas.- resume Amelia, ignorando el comentario del enfermero.
-No parece nada buena esa “radioactividad” de la que habláis- dice Alonso-. ¿No correremos nosotros peligro por estar tan cerca?
-Ahí entro yo- interviene Julián, buscando en su bolsa para sacar una jeringuilla-. Pretendía que fuera una sorpresa, pero… Dame tu brazo, Alonso.
Con cierta aprensión, el soldado se lo ofrece. Julián vacía el contenido de la inyección en el torrente sanguíneo de Alonso, y repite el mismo procedimiento con Amelia y con él mismo.
-Yodo- explica-. Nos protegerá de ciertos niveles de radiación. Algo de lo que los habitantes de Palomares, por desgracia, no tendrán.
-Debéis hablarme de ese inquietante peligro de la radiación.- pide Alonso.
-En el viaje en autobús te explicaré todo lo que necesitas saber- concede Julián-. Las bombas de Japón, Chernobyl, el increíble Hulk…
-Caballeros, hemos llegado- les interrumpe Amelia-. Puerta 78.
Estáis a punto de comenzar vuestra misión. Tomas la iniciativa, giras el pomo y te adentras en la oscuridad. Inspiras profundamente en 2015 y expiras en 1966.