Os miráis, con las pulsaciones rompiendo vuestro pecho. Como bien reflejó la Historia, de las cuatro bombas que cayeron…. que han caído sobre Palomares, sólo a una le funcionó el paracaídas, y ahora cae dócilmente sobre un campo cercano. Ésta, que se ha estrellado en medio del pueblo, lo ha hecho a la velocidad de caída desde diez kilómetros de altura, y su sólida carcasa se ha resquebrajado como una cáscara de huevo. Pedazos ennegrecidos de la bomba se desperdigan por toda la plaza, y los vecinos se apresuran a salir de sus casas para ver qué ha pasado. No faltan curiosos que se acercan a la bomba, señalando, e incluso buscando palos para tocar, el extraño material que rezuma de las entrañas del destrozado mecanismo.

-Plutonio- informa Julián, sin creerse la imprudencia de esa gente-. Tenemos que alejarles de ahí, es muy peligroso.

-¿Cómo de peligroso?- quiere saber Alonso.

-Imagina un material cuya mera cercanía te produce nauseas, vómitos, quemaduras en tu piel, caída del pelo, diarreas sangrientas e inevitablemente la muerte- al tercio se le abren los ojos como platos; ¿tales cosas -propias de la hechicería- existen naturalmente en la creación?-. ¿Sí? Pues te presento el Plutonio.

-Veo en vuestro rostro que no bromeáis. Debemos sacar a esas buenas gentes de aquí.

Valientemente os acercáis a los restos. Solamente vosotros parecéis conscientes de su toxicidad.

-¡Apártense de aquí!- les gritas- ¡Es muy peligroso!

Uno de los campesinos, con su vara impregnada en material radioactivo, se gira hacia ti. La escena se te antoja demencial.

-Así que este es el combustible de los aviones- conjetura erróneamente-. Lo que no inventen los americanos…

-¡Corren un gran peligro estando aquí!- insistes. Los parroquianos no parecen ver el porqué.

-Peligro el que corrían esos chavales- se lamenta uno-. Pobres, todos los días volando sobre nuestras cabezas… tanto va el cántaro a la fuente…

No crees tu mala fortuna; ¿tan difícil es apartar a estas personas de uno de los materiales más peligrosos que existen?